
[suena Malú - Aprendiz (Aprendiz, 1999)]
En 1952 una desconocida escritora llamada Clare Morgan publicó una novela de temática lésbica titulada The Price of Salt. Tras aquel pseudónimo se escondía la figura de Patricia Highsmith, la que posteriormente se hizo famosa por sus obras y de cuya imaginación surgió el personaje como Tom Ripley. Incluso Alfred Hitchcock adaptó su primera novela, Extraños en el tren (1951), al cine.
Tal y como comenta Highsmith en el epílogo (al menos en la edición de bolsillo de 1997 de la Editorial Anagrama) "En 1952 se dijo que The Price of Salt era el primer libro gay con un final feliz. No estoy segura de que esto fuese cierto, porque tampoco lo he investigado nunca". Por lo visto los personajes homosexuales de las novelas siempre tenían que acabar mal, ya fuese suicidándose o "curándose" para ser un heterosexual feliz. Era la moralina que rezumaba la sociedad de entonces: los homosexuales sólo podían ser desgraciados si vivían esa vida de perversión y depravación.
Pero mejor centrémonos en la historia del libro, que es lo que toca.
En Carol, que es el título que se le dio posteriormente a The Price of Salt, se nos narra la historia de Therese Belivet, una joven 'huérfana' de diecinueve años que trabaja como vendedora de juguetes en unos grandes almacenes para la campaña de Navidad. Sale además con un joven llamado Richard Semco, del cual no está enamorada de él. Las primeras páginas de la novela nos muestran a una joven frágil, inocente, pero sin ilusión y que se deja llevar por las circunstancias. Hasta que conoce a Carol.
Carol es una mujer casada de unos treinta y pocos. Tiene una hija y está en pleno proceso de divorcio. Su encuentro con Therese es banal y casual; quiere regalarle a su niña una muñeca y la vendedora que la atiende resulta ser nuestra joven protagonista. A partir de ese momento las vidas de ambas darán un giro de 180º.
La novela tiene dos partes bien diferenciadas: en la primera mitad vemos cómo las protagonistas se conocen y cómo se va desarrollando su relación de amistad. También nos damos cuenta del amor que le profesa Therese a Carol, de lo dura que es la situación de Carol ante el divorcio y sus consecuencias en lo que concierne a la custodia de su hija.
La segunda parte, en cambio, se nos describe un viaje que cambiará la vida de ambas protagonistas. Es ese viaje el que las acerca, el que descubre las pasiones y acaba con la tensión que se percibía en su relación. Eso sí, como suele pasar en las novelas de Highsmith, la alegría y la calma durarán un suspiro; cosas inesperadas sucederán y ellas se verán expuestas a ciertas pruebas que tanto las pueden unir más o separar para siempre.
A mí particularmente me gusta el enfoque que le da la autora a Therese. Una muchacha joven que vive una vida que se supone que tiene que vivir pero que se deja llevar por sus pasiones una vez conoce a Carol. En cambio el personaje de Carol, más adulto y controvertido quizás, se esconde tras un velo; Highsmith nos muestra matices de este personaje y no es hasta el final que no nos podemos hacer a la idea de por lo que realmente ha estado pasando.
Diría que es una lectura recomendable a pesar de quedar un poco desfasada para los tiempos que corren. Ahora existe más visibilidad, al menos en nuestra cultura urbana y occidental, y el papel de las mujeres ha cambiado bastante respecto los años 50. Aún así, la trama se desarrolla de tal manera que te atrapa casi al instante. Bueno, al menos a mí esta novela me engancha cada vez que la releo.
Os dejo con ciertos fragmentos que e su día me parecieron interesantes; disfrutad de la lectura.
( p. 68)
'(...) So you want to fall in love? You'll probably will soon, and if you do, enjoy it, it's harder later on'
'To love someone?'
'To fall in love.'
*-*-*
(p. 140)
'Lines', Carol said. ' I can't compete. People talk of classics. These lines are classic. A hundred different people will say the same words. There are lines from the mother, lines from the daughter, for the husband and the lover. I'd rather see you dead at my feet. It's the same play repeated with different casts.'
*-*-*
(p. 247)
'I love you', Carol said.
Therese opened her eyes, but she did not look up.
'I know you don't feel the same about me. Do you?'
Therese had an impulse to deny it, but could she? She didn't feel the same. 'I don't know, Carol.'
'That's the same thing.'
*-*-*
(p. 257)
(...) and Therese smiled because the gesture was Carol, and it was Carol she loved and would always love. Oh, in a different way now, because she was a different person, and it was like meeting Carol all over again, but it was still Carol and no one else.
